lunes, 25 de mayo de 2015

45 Lecciones de Vida


Este post pertenece a mi otro blogpero me parece oportuno también traerlo a aquí.


Ayer cumplí 45 años. Me parece ya una cantidad respetable de años, sin por ello sentirme vieja ni nada por el estilo. Pero me he puesto a reflexionar un poco sobre todo este tiempo que ha pasado en mi vida, y se me ocurrió hacer una lista de las “45 lecciones” que la vida de alguna forma me ha enseñado a lo largo de estos 45 años. Aquí van:  
1)      No tomes la vida seriamente. Me gusta la frase que dice: “No te tomes la vida tan en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella.” Es una gran verdad, todos sabemos cómo será el final de este viaje, así que porque malgastar nuestro tiempo con preocupaciones y problemas triviales?
2)      Asume algunos riesgos de vez en cuando. Hay momentos en la vida es que resulta bueno correr ciertos riesgos. Siempre y cuando no estén involucrados de forma negativa los destinos de otras personas. Pero arriesgarse a cambiar de trabajo, de estado civil o de país por ejemplo, no viene mal. Anímate!
3)      Haz menos y logra más. Muchas veces no es necesario esforzarse tanto en la vida. Cada vez creo menos en lo que nos inculcaron nuestros mayores como por ejemplo: “la vida es lucha”, “no se logra nada sin sudor ni sacrificio”… Creo que haciendo menos se puede conseguir más, cuando estás bien focalizado en tus metas y sabes bien lo que quieres. Solo hace falta un poco de acción.
4)      Se agradecido. Ten siempre en cuenta las bendiciones que tienes en la vida (salud, familia, amigos, trabajo, etc), y agradécelas desde lo más profundo de tu corazón. Valora lo que tienes hoy, puede no ser mucho, pero también podrías tener menos. Y se siempre agradecido con los que te han dado alguna vez una mano. Es menos común de lo que crees.
5)      Aprende a meditar. La meditación es una de las mejores formas de autoconocimiento y te ayuda a mantenerte enfocado en tu interior. Además de brindar mucha relajación física y mental, reducir el estrés y contribuir de esa forma al bienestar general y a la salud.
6)      Practica el silencio.
7)      Mantente en contacto con tu niño/a interior.
8)      No te preocupes por lo que piensen los demás. No trates de complacer a todo el mundo. Nunca lo lograrás. Se auténtico y fiel a ti mismo, es lo que más importa.
9)      Vive en el Ahora. Es el único momento que existe. El pasado y el futuro son creaciones imaginarias, producto de nuestras mentes. Este momento “presente” es lo único real que poseemos.
10)   Viaja lo más que puedas. Aunque sea a otro barrio, o a la esquina, no necesitas irte muy lejos. Y si no puedes, prueba con ser un “turista” en tu propia ciudad. Prueba con salir a la calle y mirar todo con ojos “frescos” y nuevos.
11)   Viaja solo/a si te atreves alguna vez. Viajar solo puede resultar una experiencia muy transformadora. Agudizará tus sentidos, y te volverá una persona mucho más abierta y atenta a lo que sucede a tu alrededor.
12)   Amate primero a ti mismo. No es egoísmo. Quien no se conoce y no se ama no puede conocer ni amar a nada ni a nadie. Así de simple.
13)   Ama a tu familia y amigos.
14)   Ama y respeta al resto de las personas y a todo ser vivo.
15)   Cuida tu cuerpo y tu salud. Tu cuerpo es el vehículo que te permite transitar esta vida y vivenciarla plenamente a través de las sensaciones y las emociones. Cuida tu salud lo más que puedas, con buena y balanceada alimentación, ejercicio regular y alejándote de los vicios.
16)   Acepta el paso del tiempo. No serás joven eternamente. Tu piel lozana tarde o temprano se marchitará. Acepta el paso del tiempo. No luches contra él, esa es una batalla perdida.
17)   No te fanatices con nada. Ni con una religión, ni con una ideología, ni siquiera con una banda de rock. El fanatismo enceguece a las personas y nos lleva a cometer muchas equivocaciones.
18)   No le hagas a otro lo que no te gustaría te hicieran a vos.
19)   El dinero no lo es todo en la vida.
20)   Tu profesión tampoco lo es todo en la vida, pero es bueno tener una.
21)   Estudia lo más que puedas.
22)   Cuestiona todo.
23)   Se tu mejor amigo.
24)   Está bien ser un poco raro y diferente a los demás. Te gusta vestirte diferente y cultivar un “estilo de vida y gustos propios”? Adelante! Se fiel a ti mismo siempre. Busca tu propia originalidad en todo los que hagas.
25)   No digas nunca “no puedo”.
26)   Pasa tiempo en la naturaleza.
27)   Practica deportes. Los deportes no solo nos traen beneficios físicos, sino que también nos ayudan a relacionarnos con otras personas, aprender reglas y a sociabilizar.
28)   Elije una rama del arte y especialízate en ella lo más que puedas. No necesitas volverte un experto, pero si ahonda y profundiza en alguna lo más que puedas.
29)   Adopta un hobby, el que sea. Te ayudará a conocerte a ti mismo. Créeme.
30)   Ten una mascota alguna vez en tu vida.
31)   Pasa tiempo con tu familia y amigos.
32)   Cultiva la amistad.
33)   Realiza de vez en cuando una actividad que no tenga nada que ver contigo.
34)   Si puedes, vive la experiencia de ser extranjero. Vivir en otro país puede mostrarte aspectos tuyos que creías desconocidos. Te obliga a adaptarte a otras costumbres y a relacionarte con gente que habla y piensa distinto. Siempre es una experiencia enriquecedora.
35)   Aprende algún idioma (o varios). Además de ser un buen ejercicio intelectual, te brindará herramientas para relacionarte con otras personas y aprender de diferentes culturas. 
36)   Vive solo alguna vez. El tiempo que sea, es otra excelente forma de “autoconocimiento”. Si no puedes hacerlo, al menos prueba con unas vacaciones solo, aunque solo sea un fin de semana.
37)   Más importante que encontrar “el gran amor de tu vida” es vivir un “buen amor”. Los príncipes azules no existen. Solo hay personas de carne y hueso, tan humanas e imperfectas como lo somos nosotros mismos.
38)   Vive a tu propio ritmo. Toca tu propia música. Y si puedes aprende a tocar algún instrumento musical (esto último aún sigue siendo una asignatura pendiente para mi). 
39)   Llama a tus seres queridos y diles que los amas cada vez que sientas el impulso. Nunca sabes cuándo puede ser la última vez que veas o hables con alguien a quien amas. Te lo digo por experiencia propia. Si te surge el impulso de llamar a tu madre hazlo, no esperes a mañana. Mañana puede ser ya tarde. 
40)   Vive alguna(s) borracheras de vez en cuando. Está bien dejar de ser “correcto” alguna vez, perder la “cordura”, siempre y cuando lo hagas de una manera segura y con gente de confianza. Pero si en una fiesta con amigos se te da por tomarte unos traguitos de más y emborracharte, adelante! Eso sí, no conduzcas un auto después de eso, asegúrate que alguien que esté más sobrio te cuide y ten aspirinas a mano para la resaca del día siguiente.
41)   Entiende que eres “conciencia pura” viviendo en un cuerpo humano. Somos espíritu viviendo una experiencia corporal y sensorial. No es al revés.
42)   Confía en tu instinto. Hay una voz interior que siempre nos habla. Aprende a escucharla y a guiarte por ella en la toma de tus decisiones importantes. Suele ser muy sabia y rara vez falla. Confía en ella.
43)   Recuerda siempre que “no todo lo que brilla es oro”. Nunca envidies la vida de los otros. Nadie sabe la situación de nadie, ni las penas por las que los demás pueden estar pasando. No todo es oro, hay más miserias de lo que uno cree.
44)   No juzgues a nadie. Por lo mismo que el punto anterior, no juzgar a los demás es una buena actitud. Nunca conocemos las razones que llevan a los demás a actuar de determinada forma. No juzguemos para tampoco ser juzgados. Hay que aprender a desarrollar compasión por los demás.
45)   Deja un poco la tecnología de lado y vive más la vida. Está bien disfrutar de los adelantos tecnológicos del momento, del internet y los teléfonos inteligentes. Pero no vivamos solamente una vida “virtual”, ni estemos pendientes todo el tiempo de lo que hacen los demás en las redes sociales. Vivamos nuestra vida de la manera más real y auténtica que nos sea posible. 

sábado, 16 de mayo de 2015

Egoísmo vs. Responsabilidad

He escuchado hasta el hartazgo la acusación de que las personas que decidimos no tener hijos somos unos egoístas. Y eso porque? Pregunto yo. Qué es lo que hace de mí una egoísta si tomo tal decisión?
Por otro lado, también he escuchado en más de una oportunidad que la maternidad/paternidad es un “gran acto de irresponsabilidad”. Y creo que estoy más de acuerdo con esto último. En lo personal mucha gente me ha dicho algo parecido a: “si lo piensas demasiado nunca vas a tener hijos, a veces es mejor no pensarlo tanto y tirarse a la pileta …”.
Tengo actitudes un tanto egoístas si se quiere. Lo admito. Me gusta tener mis horarios, mis rutinas, levantarme a la hora que yo quiero, tener la libertad de disponer de mi vida y mis tiempos como mejor me plazca. Eso me convierte en una persona egoísta? Tal vez. Pero creo que en cuanto a mi decisión de vivir una vida sin hijos, pesó mucho más mi alto sentido de la responsabilidad (él cual no lo vivo siempre como una virtud, ojo) que mi egoísmo.
Creo que un gran porcentaje de las personas que traen hijos a este mundo lo hacen por las razones equivocadas. O bien no se hacen las preguntas correctas antes de tomar semejante decisión. Es común escuchar la siguiente razón: “Yo quiero ser padre/madre porque me encantan los niños”. En serio? No sería mejor en ese caso que busques trabajo en un jardín de infantes o abras una guardería? Un hijo va a ser un niño durante un período limitado de su vida. Luego va a ser un adolescente, y ya vemos que hoy en día la adolescencia se extiende hasta cerca de los 40 años, así que imagina que tu responsabilidad como padre se prolongará durante un tiempo bastante considerable.
Tener hijos tan solo porque te gustan los niños no es una razón aceptable en mi opinión. Considero que deben ser otros los motivos que te lleven a embarcarte en semejante empresa de por vida. Razones y motivos de un matiz tal vez mas filosófico. Porqué quiero ser padre o madre? Es porque busco transcender en este mundo? Quiero formar parte de la fascinante aventura de criar un ser humano? Ser responsable de su formación? De inculcarle valores? De acompañar su camino y hasta de algún modo hipotecar mi vida y sacrificar mi libertad si es necesario en aras de ello?
Esas fueron algunas de las tantas preguntas que me hice durante todo el proceso que precedió mi decisión de no tener hijos. Me las hice una y otra vez, hasta el cansancio. Y finalmente llegué a la conclusión de que no estaba “capacitada” para tal tarea. Creo que tal vez pequé de “híper-responsabilidad”. Sabía en lo más profundo de mí  que no iba a estar a la altura de las circunstancias. Tal vez el ejemplo de mi madre puso la vara demasiado alta para mí, no lo sé. Solo sé que se necesita mucho valor para sincerarse a tal punto y decidir ser lo suficientemente responsable como para no tirarse a la pileta.
Tener hijos no es simplemente una cuestión de asumir riesgos. No es como comprar acciones en la bolsa. No basta solo con el amor ni con que te gusten los niños. Es algo mucho más profundo, complicado y trascendental que eso. Es casi un sacerdocio. Algo sagrado en mi opinión. Una vez que decides tenerlos ya no hay vuelta atrás. Y yo encuentro mucho más egoísta esa actitud de “tirarse a la pileta” que la de decidir vivir una vida sin hijos.


domingo, 20 de octubre de 2013

Todo sobre mi madre (un pequeño homenaje a la mujer que me dio la vida en el Día de la Madre).

Sin embargo hay mujeres que sí nacen para ser madres. Mujeres que traen en su ADN el gen de la maternidad grabado a fuego.
Mi madre fue una de esas mujeres. Definitivamente, ella nació para ser madre, esa fue su gran misión en la vida y también su mayor logro. Siendo la mas grande de tres hermanas, desde muy chica tuvo que cuidar de las menores, y quizás eso contribuyó de algún modo al desarrollo temprano de su marcado instinto maternal. Ella siempre tuvo en claro que la maternidad era su destino. Por ejemplo, eligió mi nombre mucho tiempo antes de casarse, incluso mucho antes de conocer a mi padre. Supo desde muy pequeña que quería tener muchos hijos, luego por las vueltas de la vida solo tuvo dos, pero podría haber criado a veinte sin ningún problema. Le sobraba amor, paciencia, pasión y determinación para dicha tarea.
Mi madre nos buscó a mi hermano y a mí durante mucho tiempo, "son hijos deseados y buscados", siempre nos recordaba. Y entregó su vida a la causa de la maternidad, desde un lugar de inmensa devoción y con mucha alegría. Nunca fuimos un  estorbo para ella, ni una complicación, ni un problema. Jamás. Nos demostraba la dicha y la felicidad que le producíamos a cada instante. Era feliz cuando estábamos en casa, y comenzó a entristecerse cuando crecimos y empezamos a alejarnos. Fuimos su motor y su motivo de vivir.
Su rol de madre lo desarrollaba a la perfección durante las 24 horas del día. Supo ser una mama "full time", y le estoy eternamente agradecida por ello. Nos alimentaba, nos cuidaba, nos mimaba, nos regañaba, nos curaba, nos alentaba, nos aconsejaba, nos vestía, nos desvestía, nos bañaba, nos acompañaba, nos guiaba, nos consolaba, nos esperaba, nos amaba.
Mi madre era la primer persona a quien yo veía apenas doblaba la esquina de mi cuadra al volver de la escuela todos los días. Allí estaba siempre ella, cada tarde, esperándome en la puerta de casa a las 5 en punto. De pie, orgullosa y con una sonrisa de oreja a oreja en su cara. Feliz de verme volver de la escuela, me abrazaba y me besaba, tomaba en sus brazos mi mochila pesada y  juntas entrabamos a casa a merendar. También era quien me despedía por la mañana, luego de peinarme y ayudarme a abotonar mi guardapolvo por la espalda. Por las noches me acompañaba a mi habitación para arroparme, besarme en la frente y desearme dulces sueños (recuerdo que esto último lo siguió haciendo hasta cuando yo ya estaba muy entrada en años, cada vez que la visitaba o ella tenía la oportunidad).  
Nuestros días, y nuestra vida de aquella época, estuvieron repletos de esos pequeños rituales. Rituales que ahora son dulces y tiernos recuerdos que me acompañan en la orfandad y en el exilio. Recuerdos que agradezco desde lo más profundo de mi corazón.
Gracias mamá por haber transitado el camino de la maternidad con tanta devoción, entrega y dedicación. Y gracias por haber sido mi madre.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El Mandato Materno


Desde tiempos inmemoriales pesa sobre la mujer el mandato de la maternidad. 
La naturaleza se ha encargado de cimentar dicho mandato, dotando únicamente a este género (al menos hasta ahora) con la posibilidad biológica de concebir y dar a luz. Hasta hace no mucho tiempo, se podía decir que la única función histórica y social de la mujer era la de parir y criar hijos. En un pasado no muy lejano, no existía para la mujer la menor posibilidad de desarrollar una carrera profesional, trabajar fuera del hogar o ser económicamente independientes. Esta situación comenzó a revertirse muy lentamente hacia principios y/o mediados del siglo XX, pero hasta ese momento las mujeres que gozaban de cierta autonomía eran una extraña excepción. El siglo pasado trajo aparejado (entre muchas otras cosas), una evolución fundamentalmente en lo económico que contribuyó al desarrollo de la mujer en diversos planos además del familiar. 

Pero aún hoy y a pesar de la gran evolución de la mujer en la sociedad, nos inculcan desde muy pequeñas el mandato de la maternidad. Comienza con esa primera muñeca que te regalan cuando niña, a la que te enseñan que debes cuidarla y mimarla como si se tratara de un verdadero bebe. Quién no ha jugado a ser mamá? Desde muy tierna edad aprendemos a que debemos ser responsables de ese “bebe” y a cuidar de él, porque en definitiva el rol mas importante de nuestras vidas será el de ser madre.

Debemos ser madres porque así ha sido siempre! Porque nuestras madres y nuestras abuelas lo fueron. Porque tener hijos es lo “mas maravilloso del mundo”, y es lo “mejor que puede pasarle a una mujer”. No, no podemos bajo ningún punto de vista perdernos eso. Si somos “verdaderas mujeres” entonces debemos ser madres!

Quién no ha  escuchado estas proclamaciones mas de una vez?

Finalmente creces, eventualmente te casas, y al poco de un tiempo, todo el entorno familiar comienza con las ya conocidas y molestas preguntas: “y para cuando los chicos?”; “cuando me van a hacer abuelo/a?”; “vamos que hay que agrandar la familia”; “vamos que hay que perpetuar el apellido…”.
…………………………………..???

He escuchado hasta el cansancio esas preguntas. 

Pero MI pregunta es: se puede escapar al mandato materno?

Y MI respuesta es: SI.

Perfectamente se puede escapar al mandato materno, y además hacerlo sin morir en el intento.

Cada vez son (somos) mas las mujeres que deciden (decidimos) vivir una vida sin hijos. Mujeres que quieren realizarse como tales sin incursionar en dicha aventura. Mujeres que priorizan su independencia y su libertad por encima de cualquier mandato tradicional. Mujeres que se animan a  construir su futuro siguiendo los instintos de su corazón y sin escuchar o dejarse influenciar por preguntas molestas e indiscretas del entorno.
Nadie tiene el poder de decidir sobre nuestras vidas. Es tiempo de que se terminen los mandatos sociales, y el de la maternidad entre ellos.

La mujer no nació para ser madre.

La maternidad es una opción mas en la vida. Como también lo es la opción de vivir una vida sin hijos. Ambas opciones son completamente válidas, pero debemos transitar un camino u 
otro con total libertad de decisión y con plena conciencia al momento de nuestra elección. 





martes, 17 de septiembre de 2013

“Niños: you are not welcome on board"


La mayoría de nosotros lo hemos padecido en algún momento. Uno sube al avión y en la misma fila o quizás en la de al lado o en la de atrás, un matrimonio con hijos pequeños se dispone a realizar el mismo viaje que nosotros. Resulta que el viaje es de mas de 6 horas, y resulta que el (o los niños) en cuestión no paran en todo el viaje de llorar y de llamar la atención a los gritos. A mi me pasó, y no una vez, varias veces. No se lo deseo a nadie. Muchas veces los padres hacen hasta lo imposible para calmarlos durante todo el viaje (sin ningún resultado positivo por lo general), pero otras parece no importares la situación en lo mas mínimo  y entonces se desligan del problema, dejando al niño actuar a su libre albedrío. Conclusión: el viaje es un completo infierno.  



Afortunadamente, algunas aerolíneas han comenzado a interiorizarse de dicho problema y han planteado una solución. Es el caso por ejemplo de Singapore Airlines que por unos pocos dólares de mas ofrece un “Kid-free quiet zone” (una zona libre de niños) en sus vuelos. Malaysian Airlines también ha seguido el ejemplo recientemente. Se trata de un espacio de varias filas de asientos en las que simplemente los menores de 12 años tienen vedado el acceso. Aunque no es una opción “gratis”, ya que hay que pagar una mínima diferencia en el precio del pasaje, creo que puede llegar a ser una buena solución para aquellos que anhelamos un viaje tranquilo y relajado. Es de esperar que esta medida sea copiada por muchas mas aerolíneas en el futuro, aunque los analistas dudan de que eso suceda al menos en el corto plazo.
Sin embargo, no hay duda de que esta es una tendencia que crece cada día mas. En Estados Unidos y en Canadá han comenzado a surgir tímidamente en los últimos tiempos, una serie de restaurantes, cines y demás espacios públicos y privados que propician este tipo de pólizas en sus negocios. Se trata de ambientes pensados solo para adultos, los cuales abiertamente promocionan sus espacios bajo el simple anuncio de “Prohibido los Menores”.




jueves, 6 de junio de 2013

El derecho a ser padres


A pesar de mi decisión de no tener hijos, decisión que ha sido tomada de una manera absolutamente consciente, celebro la sanción en Argentina, de la ley de fertilización asistida. Los seres humanos tenemos tanto el derecho a ser padres como a no serlo. Para aquellos que sí desean transitar ese camino, resulta muy positivo que puedan contar con todas las herramientas y las posibilidades al alcance de la mano para concretar tal ansiado deseo. Una de las funciones del Estado es velar por el bienestar y la felicidad de sus ciudadanos, y esta es una buena manera de cumplir con dicho mandato. Por otro lado, pienso también sería muy positivo que se agilizaran y simplificaran los trámites de adopción, que hoy en día consumen tiempo y energía innecesarios, y traen aparejados angustias y esperas interminables a quienes optan por esa posibilidad para convertirse en padres. Ayer se sancionó una ley muy importante en mi país, una ley vanguardista que sin duda se convertirá en un ejemplo a seguir por otros países y llevará alivio y felicidad a muchísimas personas. Me alegro y me enorgullezco sinceramente por eso. Pero no hay que perder de vista que esto es solo el comienzo del compromiso. Aún falta mucho camino por delante. Esta ley tan solo plasma el deseo y la voluntad de un cambio. Es mi deseo que esta ley y este cambio se conviertan muy pronto en una realidad.
 
 
 

domingo, 29 de abril de 2012

EL DIA D


El día que decidí no tener hijos sentí un gran alivio. Fue como si me sacara un gran peso de encima, como si me liberara de una pesada carga que venía arrastrando desde hacia años. Obviamente no fue una decisión que tome de un día para el otro. Por supuesto que no. Fue el resultado de un largo proceso del cual, para ser sincera, no tengo certeza cuando empezó. Durante la mayor parte de mi vida, consideré la maternidad como una opción válida para mí. No sé cuando aquello comenzó a cambiar, quizás fue al promediar mis treinta. En todo caso, fue un proceso que comenzó a gestarse muy lentamente. Comencé por poner excusas, casi sin darme cuenta: “Que mi matrimonio debía estar más consolidado”. “Que mi situación económica debía ser más solida”. “Que mi trabajo no era el adecuado”. “Que no poseíamos una casa propia”. “Que mi familia estaba lejos” (soy argentina y vivo en Nueva York). “Que no tenia seguro médico”. “Que el costo de una niñera en este país es muy elevado”. “Que me gustaría viajar un poco más y conocer más del mundo antes de embarcarme en semejante empresa”. Las excusas se sucedían unas a otras, y con cada excusa que ponía iba pasando el tiempo. Y así llegaron los cuarenta. Me di cuenta entonces que no tenía muchas más excusas a las que echar mano para evadir el rol que le había sido asignado a mi genero desde que el mundo es mundo. El reloj biológico había comenzado a sonar hacia ya algún tiempo en mi cabeza, pero ahora, sus tic tac se hacían cada vez más fuertes y sonoros y era ya casi imposible soportar aquel ruido ensordecedor en mis oídos. Sabía perfectamente que no podía posponer por mucho más tiempo la decisión. Tenía que arriesgarme, era ahora o nunca. Ahora o nunca. Y qué si nunca? Qué pasaría si al final decidía NO tener hijos? Que pasaba si decidía eludir esa responsabilidad y elegía vivir una vida diferente, sin bebes que lloran por las noches, sin mamaderas ni pañales que cambiar? De pronto me fui dando cuenta que bien podía decidir algo diferente para mí. La carga de tomar una decisión hacia la maternidad me había estado asfixiando durante todo ese tiempo, y noté que no tenia porque ser así, yo no tenía que sentirme presionada ni obligada a seguir ese mandato si así no lo quería. Podía decidir otra cosa. Era libre de decidir lo que realmente yo deseaba para mí, sin ningún tipo de presión. Era libre de decidir lo que YO quisiera. Esa posibilidad abrió como por arte de magia una puerta en mi interior, y me sentí de pronto más tranquila, como aliviada y liberada. Tuve entonces un momento de conciencia y de sinceridad extrema conmigo misma, y fue así que  reparé en el hecho de que durante todo este tiempo no había parado de interponer excusas frente a la posibilidad de convertirme en madre, y eso en el fondo, significaba una sola cosa: en realidad yo no quería ser una mamá. Era así de simple. Para que darle más vueltas al asunto?  Y me di cuenta  de que si tomaba la decisión de no tener hijos estaba bien también. Era una decisión de vida válida después de todo. Porque no?